Para entender mejor la vida, a veces hace falta una lección. No una bofetada o un jalón de orejas, sino un episodio en el cual basta con observar. Fue en el verano de 2005, en la ciudad californiana de Oakland. El señor Cervantes despertó a su hijo Julio, de 12 años, con un par de instrucciones a las dos de la mañana. Julio debÃa cambiarse y acompañar a su padre. En el auto, somnoliento, se abrochó el cinturón de seguridad sin idea de lo que le esperaba: conducir horas y descargar cajas con frutas, conducir horas y descargar cajas con verduras, asà sucesivamente. Hacia el final del dÃa laboral, Julio descubrió a qué se dedicaba su padre y lo admiró. Eran tantos los sacrificios que su familia emprendÃa para que él cumpliera sus metas en un paÃs tan suyo como extranjero.
Cerca del balón, lejos de las pandillas
Julio Cervantes no recuerda cómo llegó a Estados Unidos. Jamás olvidará, sin embargo, la reacción de sus compañeros al enterarse de su estatus migratorio. âLas miradas en sus rostros me daban la sensación de que se preguntaban a sà mismos â¿por qué es indocumentado?ââ, cuenta Julio sentado en uno de los dos muebles de la sala decorada con fotografÃas suyas vistiendo distintas camisetas deportivas.
Al igual que Julio, aproximadamente 112,000 residentes de Oakland nacieron en el extranjero. Cuando al fin conoció a otros jóvenes provenientes de hogares inmigrantes, Julio sintió realmente que su lugar de nacimiento no era un problema. Pero más allá de compartir historias migratorias semejantes entre ellos, fue a través del fútbol que surgió una sensación de pertenencia. Una comunidad.
No habÃa necesidad de hablar el idioma materno o la lengua adoptada, solamente habÃa que pegarle al balón. A temprana edad, ese deporte ya empezarÃa a definir el futuro de Julio. A poco tiempo de terminar su ciclo escolar en Urban Promise Academy, Julio le pidió a su madre, Juanita Flores, que lo inscribiera en Fremont High School.
âTodos mis amigos iban a Fremont para jugar fútbol. HabÃa más latinos en Fremont, era muy diverso pero también muy problemático. Todos los dÃas fui testigo de al menos una pelea, un tiroteo, una persecución policialâ, cuenta Julio mientras revisa fotografÃas de su segundo cumpleaños en Guadalajara, México.
Poco después de cumplir los dos años de edad en su ciudad natal Guadalajara, Julio Cervantes y su madre Juanita Flores emigraron a Estados Unidos en busca de reunirse con su padre con quien comparte el mismo nombre. Julio lleva más de 25 años viviendo en Oakland, lugar que hoy reconoce como su hogar. (Familia Cervantes)
En 2007, cuando Julio ingresó a la preparatoria, más del 50 por ciento de los estudiantes en Fremont High School eran de origen latino. De los 265 estudiantes que acompañaron a Julio desde el primer año en la preparatoria, solo 141 de ellos se graduaron en 2011, según datos recopilados por la institución.
âYo paré muchas peleas. Detuvimos a estudiantes con armas y drogas. La mayorÃa de nuestros estudiantes eran Norteños y Julio lo vivió de cerca. A veces, tenÃamos que cerrar toda la escuela por estas situacionesâ, cuenta Emiliano Sánchez, vÃa telefónica, sobre los años como subdirector de Fremont High School, mismos en los que conoció a Julio, a quien describió como un adolescente tÃmido de una sonrisa amable.
Fremont High School está situada sobre la calle 47 y Foothill Boulevard, domicilio y zona de operación de una pandilla conocida como Los Norteños. La disputa de territorios y negocios turbios entre Los Norteños y otras pandillas latinas, tales como Los Sureños y los Border Brothers, generaron, por varios años, altas cifras de violencia en Oakland.
âUn dÃa estaba con unos amigos en el carro y tenÃa puesta una gorra con la parte de adelante de color rojo. Nos paró la policÃa y de repente tenÃamos helicópteros y varias patrullas. Cualquier persona o joven que se vestÃa como un pandillero serÃa detenidoâ, cuenta Julio hoy de cabello rapado en ambos lados, un flequillo que roza su ceja derecha, barba corta bien cuidada y dos aretes negros, uno en cada oreja.
En vista de que, en ciertas ocasiones, la policÃa identificaba a pandilleros según la apariencia, Julio tiró la gorra de la visera roja, color usualmente asociado con los Norteños, dÃas después de aquel incidente. A las semanas, se vio forzado también a cortarse el cabello largo y cambiar su forma de vestir. Vivir en Oakland era entonces vivir a la defensiva: de ser fichado erróneamente por la policÃa, alejarse de las pandillas y ser detenido por la falta de documentos. Por nada del mundo Julio querÃa que estereotipos en torno a su comunidad arruinaran sus metas dentro de la cancha y en el salón de clases.
âEl fútbol me llevaba por otros lugares, lejos de las pandillas. Muchas de las personas que conocà en la preparatoria están en la cárcelâ, cuenta Julio quien guarda silencio segundos después, pensando en dónde estarán esos amigos olvidados.
El âSueño de tu Vidaâ
Julio se graduó de Fremont High School en 2011, mismo año que participó en el popular torneo de talentos, âSueño de tu Vidaâ, organizado por Alianza de Fútbol Hispano, lÃder dedicado al apoyo y desarrollo del fútbol amateur en Estados Unidos.
Al evento llegaron, además de Julio, otros 399 jóvenes con la esperanza de formar parte de un exclusivo grupo de 18 jugadores que serÃan invitados a un partido de exhibición contra los San Jose Earthquakes, escuadra de la Major League Soccer (MLS). No obstante, una primera oferta para Julio llegó desde México.
âEste hombre vino a ver otros muchachos, pero se interesó en mi hijo. QuerÃa que lo dejáramos ir. Le dije al agente que para nosotros es muy difÃcil porque Julio no tenÃa papeles. El agente movÃa la cabeza y decÃa â¡hÃjole!ââ, cuenta Julio César Cervantes, padre, sentado en una silla de madera en la cocina de la casa, compitiendo con su propia memoria para recordar el nombre del agente.
El nombre del cazatalentos es José Luis Ortega, un ex futbolista mexicano con una trayectoria de 17 años. Ortega, presente en el âSueño de tu Vidaâ, propuso a Julio una pasantÃa en el club Santos Lagunas de Torreón, Coahuila. En una entrevista telefónica, Ortega confiesa que son pocos los jóvenes quienes logran ser invitados a prestigiosos equipos mexicanos.
Si Julio aceptaba la pasantÃa, implicaba volver a México, tierra que dejó a los dos años de edad. De no prosperar, porque el éxito no es garantizado, corrÃa el riesgo de no poder regresar a Estados Unidos al ser indocumentado. El impedimento no era su falta de talento, sino su condición migratoria.
En el 2011, luego de descartar la posibilidad de volver a México a jugar fútbol por su condición migratoria, Julio participó en el torneo el âSueño de tu Vidaâ donde, a la posterior, serÃa invitado a entrenar con los San José Earthquakes de la MLS. (Juanita Flores)
Descartada la oferta del Santos, Julio fue seleccionado para entrenar con los San Jose Earthquakes a la expectativa de que firmase un contrato profesional, lo cual no sucedió. Julio se preguntaba entonces si ser indocumentado afectaba sus posibilidades de ser futbolista profesional. La respuesta la sabrÃa pronto.
La Universidad del PacÃfico, en la ciudad de Stockton, buscaba instaurar un programa de fútbol masculino y para dicha tarea reclutó a Julio, aún con años elegibles de competitividad universitaria. En la división I de fútbol universitario, es decir, el más alto nivel colegial en Estados Unidos, Julio demostró su capacidad en encuentros memorables, impresionando a más de uno en su último año.
âDebido a sus dotes fÃsicos, al hecho de que marcó goles y que en video se mostraba en gran estado atlético, varios equipos profesionales estaban interesados y buscaban iniciar conversaciones sobre él,â cuenta Ryan Jorden, entonces entrenador de la Universidad del PacÃfico, hoy jefe del comando técnico del equipo masculino de fútbol de la Universidad de California, Los Ãngeles, vÃa telefónica.
Uno de los requisitos para formar parte del Superdraft, evento en el cual se eligen a futbolistas universitarios para integrarse a clubes profesionales, es que cada participante reciba el interés oficial de al menos un equipo. Julio cumplÃa con el requerimiento, por lo que envió un formulario a la MLS como posible prospecto en el Superdraft 2016 durante su último año en la Universidad del PacÃfico.
Cuatro años antes, el entonces presidente Barack Obama creó el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), que hoy protege a más de 640,000 jóvenes indocumentados de la deportación y los autoriza a trabajar legalmente en Estados Unidos. Julio es beneficiario, es un soñador, un âdreamerâ, como se les conoce.
Según Paul Michael Ochoa, portavoz de la MLS, todo beneficiario de DACA con la posibilidad de jugar en la liga profesional tomarÃa un cupo internacional en la nómina de un club, usualmente reservado para futbolistas de gran jerarquÃa y salarios exorbitantes procedentes de importantes clubes europeos.
¿PrefirÃa un equipo profesional apostar por un muchacho universitario o por un futbolista experimentado? Las chances se reducen aún más frente a una estadÃstica peculiar: la probabilidad de que un estudiante de preparatoria juegue en la división I de fútbol universitario en Estados Unidos es de 1.3 por ciento. ¿Y qué pasa si ese estudiante quiere ser futbolista profesional? ¿Y qué pasa si ese estudiante es indocumentado? La carta de interés para participar en el Superdraft de la MLS nunca llegó a casa de Julio.
âMentalmente me destruyó. Fue un dÃa que nunca me voy a olvidarâ, responde Julio con una voz desalentada a la idea de ser considerado un foráneo en el paÃs que él llama hogar.
De izquierda a derecha, Julio lleva puesto el sombrero charro. Desde muy joven, Julio participó en marchas a favor de polÃticas migratorias que lo protegerÃan de una deportación. A la fecha, Julio colabora en foros y paneles de inmigración con distintas organizaciones como SIREN en Oakland. (Familia Cervantes)
Un âdreamerâ en Oakland
Son casi las dos de la tarde y el sol arde en Oakland. Es octubre de 2020. Julio busca la sombra detrás de un camión de comida mexicana ubicado sobre la avenida Fruitvale y la calle San Leandro. Su burrito vegetariano está listo minutos después. Julio se sienta en un muro de mediana altura que da vista a los vagones del BART.
Termina de comer, se limpia las manos y se huele los dedos. Los vagones arrancan en dirección sur y cuando el ruido de los rieles culmina, Julio dice, âmis papás siempre me dijeron que vaya a la escuela y saque buenas notas. Me recordaban â¿no quieres ir a la escuela? Entonces te vas a levantar a las dos de la mañanaââ.
Estudiar y jugar fútbol sà es posible. Por eso cuando su anhelo de ser atleta profesional no resultó, Julio colgó los botines para asumir el cargo de profesor de educación fÃsica, carrera que estudió en la universidad, en Urban Promise Academy, su antigua secundaria. Si bien su suerte en el fútbol fue impactada por el sistema migratorio, fue su talento el que mucho después lo compensarÃa.
âUna vez estaba con mis alumnos y ellos estaban muy emocionados porque su profesor se iba a convertir en un futbolista profesional. De repente, uno de los niños pregunta â¿entonces ganarás más dinero?â Le tuve que decir la verdad. Le dije que no, que harÃa la mitad de lo que ganaba como profesor…nunca olvidaré su rostro, no podÃa creer lo que le estaba diciendo. A veces en la vida hay que hacer sacrificios y hacer lo que te hace felizâ, cuenta Julio sobre el dÃa en el que Oakland Roots Football Club le ofreció integrarse a sus filas.
Julio vistió la camiseta número 27, en reconocimiento al número de la calle donde creció en Oakland. La calle 27 con Foothill Boulevard es la intersección y la suma de su niñez, su identidad, los idiomas, las amistades y el deporte al que se aferró para hoy hacer realidad su sueño.
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Cuando los Roots juegan, el estadio de Laney College se tiñe de una fiesta multicultural conformada en su gran mayorÃa por la familia Cervantes y miembros de la comunidad inmigrante que cuentan la historia de Julio con orgullo. Una historia que, pese a obtener su tan ansiada recompensa, es desafiada, una y otra vez, por las polÃticas migratorias en Estados Unidos.
Gracias a repetidas decisiones por cortes federales, que incluyen una por parte del tribunal supremo este verano, la administración del Presidente Donald Trump no ha progresado en su intento de eliminar DACA, aunque el procedimiento para recibir esta protección de deportación es mucho más complejo ahora.
Aquellos que jamás hayan sido beneficiarios de DACA, no podrán ser parte de este programa. Aquellos que renueven sus permisos, como Julio, lo obtendrÃan tan solo por un año, y no 24 meses como se estableció en 2012.
âYo sé que DACA se puede terminar cualquier dÃa, pero antes de DACA, yo no tenÃa nada. Pasé mucho tiempo sin tener nada. Muchos años sin tener un guardaespaldas. Si DACA se termina algún dÃa, hay que buscar la manera de seguir luchandoâ, cuenta Julio con una mirada convincente en su rostro, la misma que demuestra cuando habla de fútbol.
La reelección de Trump como presidente de Estados Unidos significarÃa la continuación de mayores complicaciones en torno a DACA y un posible nuevo esfuerzo en erradicarlo. Por su parte, el candidato presidencial demócrata Joe Biden prometió en el último debate con Trump, tal como lo hizo como vicepresidente bajo el mandato de Obama, que millones de indocumentados tendrÃan un camino a la ciudadanÃa, entre ellos los âdreamers.â Entre ellos, Julio Cervantes.
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